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Colectivo de escritores en busca de conocimiento y letras. 2011

De pesimismo y cosas mejores

Written By: admin - May• 16•11

Ansaldo, Victoria

De pesimismo y cosas mejores

No me caracterizo por mi optimismo. Siempre digo que si hubiera nacido antes que Murphy, la ley de Murphy se llamaría la ley de Victoria. No es sencillo dar cada paso con sensación de tragedia, vivir con la conmoción de lo dramático segundo a segundo. Suena a mucho, quizás, puesto es palabras, parece peor de lo que es. O probablemente sea mi inexperiencia frente al papel, lo que me impide transmitir con precisión la naturaleza de mis sentimientos. Sin embargo, no estoy lejos, y la conclusión es la siguiente: qué bueno sería ver las cosas sin el velo de lo adverso. Pero como dicen por ahí, “Dios aprieta pero no ahorca”, y así como tengo esta herida que no deja de sangrar, tengo también la tozudez de una cabra, de un alpinista, de un músico perfeccionista, de un alcohólico irrecuperable. No ceso en la búsqueda de un remedio, no he dejado de bucear en los recónditos rincones de mi alma por siglos, pareciera, indagando por una razón y en esa causa busco la redención. Hoy por hoy, creo que solo quiero salvarme, si no encuentro un porqué, qué más da, sólo quiero romper el yugo que me atan a este barco que padece en la tormenta.

Cuando veo el famoso cuadro de Magritte, ese del contorno del hombre con bombín, relleno de cielo, así me veo, así nos veo. La infinitud, la inmensidad del cielo… ese es el hombre. Y en ese inacabable cielo hay espacio para todo. Y en mi cielo hay un sol que brilla, enceguecedor. Es el sol de la obstinada, de la caprichosa niña que busca el juguete perdido. Esa esperanza inagotable es lo que me permite luchar sin descanso y sorprenderme de las más pequeñas de las pequeñeces, eso es lo que me libera y a la vez me define. Me define tanto como lo trágico. De nuevo, y obviamente, las causas son muchas, y quizás caminan juntas, desde que nací. Pero hay una, una especial que hoy me conmueve más que ninguna, que fragua mucho de lo que soy.

Creo que aquí no acaba todo. Creo que esta tierra es sólo un paso, que algo nos espera, aunque no sé cómo será. Muchas veces, en las preguntas simples de mis hijos me repregunto mis propias dudas, pero he aprendido a convivir con ellas. Mi pesimismo estructural no ha corroído esta esperanza, quizás, hasta la hace más fuerte. Probablemente Rilke tenga razón,  y al llegar al otro lado nos cueste no desear lo deseado, no atribuir significados… Aunque, a decir verdad, aún si intento pensar que la visión de Rilke se toca con la mía…no, no lo creo. La plenitud, la paz, el consuelo, la claridad de saber las cosas como son…eso no es Rilke. No es que no le tenga miedo a la muerte, aunque sí temo mucho a otras cosas, como a la soledad. No es que no me importe dejar este mundo, no. Es que confío en que nos espera algo distinto, mejor, y no vamos a extrañar esta vida, aún sus goces más abundantes, sus amores más profundos y sus bellezas más cautivantes.

Y es así que encuentro un poco de consuelo en la partida de Papá. Cuando la gente muere muchos dicen: “nos dejó”. La gente que muere no nos deja, sólo se va. Su ausencia es la que nos acaba, nos destruye, nos aplasta. Sin embargo ellos sólo se van, quizás antes de lo que querríamos; ciertamente así nos dejó Papá. Todavía llevaba en mi morral abrazos no dados, risas, perdones, viajes…años, años y años. Había recorrido tanto camino para quererlo como lo quería, y todavía me faltaban caminar muchos pasos para quererlo como hubiera deseado, con más libertad, con menos dudas. Sin embargo se fue, no me esperó, y no tenía porqué. Porque mi camino es mío y lo voy a seguir recorriendo. Porque cuando llegue a mi destino, él estará esperándome, para darme una abrazo en el alma, para agradecerme la tozudez, -de él heredada-, para acariciar mis heridas y curarla con sus besos celestiales. Y entenderá todo, porque en realidad ya lo entiende, soy yo la que sigo en penumbras, con mi pequeña vela de esperanzas, buscando desesperadamente respuestas. Él ya las tiene todas y creo que es por eso que no hablo, que no le hablo, porque sé que el ve mi corazón, y me comprende y me sigue queriendo como soy, pero ahora y en serio, hasta el infinito.

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