aifos

Colectivo de escritores en busca de conocimiento y letras. 2011

Para ti o no entiendo a los poetas

Written By: admin - May• 31•11

Ansaldo, Victoria

 

Para ti o no entiendo a los poetas

 

El amor no es sencillo. Es entrega, donación, confianza. Es espera, paciencia y desesperación. No llega cuando lo llamamos y aparece cuando no lo comprendemos. Nos revuelca, nos daña, nos enseña y enaltece. Es un tornado mareador que arrasa con lo que encuentra, para que podamos reconstruirnos sobre las cenizas del pasado.

La pura cursilería lo cubre de una miel tan pegajosa, que nos empalaga y hasta nos asquea, cuando no correspondemos. Cartas, canciones, páginas y bibliotecas enteras dedicadas al amor que se fue, al que nos sorprendió a la vuelta de una esquina, al eterno, al fatuo, al verdadero y al que nunca ocurió, sólo fue une espectro.

Adolescencia apasionada, adultez apasionada. La pasión no envejece con el cuerpo, desaparece con la rutina, nos abandona con la costumbre y nos noquea con la novedad y lo prohibido.

Resignación, disfrute, esperanza… Cada uno a su manera recibe lo que le toca, lo que buscó y a veces lo que se merece.

Todo esto puede ser verdad, el drama, el goce delirante, la felicidad eterna y el desgarro del alma. Sin embargo, quiénes son los poetas, quiénes son los novelistas, los literatos, los músicos, los danzantes. Porqué son ellos los que ostentan el monopolio del amor. Qué han hecho, qué han vivido, que nosotros, los mortales, no podemos comprender. De qué privilegios gozan, qué loco encantamiento los dotó de otros poderes. ¿Ven más, sienten mejor? ¡Ya! Que me digan, que me expliquen, lo quiero saber, y ahora. Qué nos quieren enseñar o compartir, con esa petulancia infinita disfrazada del dolor del incomprendido.

Y lo sé. No me envuelve la bruma en un puerto lejano, no me acompañan niñas de burdel. No tengo hambre de cena caliente, de pan tostado ni de grandeza. No soy pobre, no debo nada, no tengo mecenas ni amigos borrachos en almizcle. Pero sé del amor. Sé que te envuelve como el sol de la mañana, te acaricia, dulce, no te mata. Sé que como una escalera infinita te lleva a los mejores lugares de tu alma, y la del otro. Sé que se desborda. Es un río en la creciente, que como un Nilo eterno da vida a todo lo que toca. Sé que calma la sed en una hoguera, que espera sin preguntas, y que a veces, nos clava un puñal frío y envenenado.

No entiendo a los poetas. ¿Qué me pasa, soy tuerta, coja? ¿Qué corre por mis venas? ¿Escuchan mis pulsaciones? El don de la palabra trastoca los sentimientos, los ensalza o sólo los describe con lupa, los aumenta y los engrandece. Siento y me sienten, amo y soy amada, pero me pierdo en sus palabras, me confundo con sus almas torturadas y hasta creo que envidio la cima de sus pasiones.

Sin embargo te prefiero, manso, tranquilo, loco, dulce, fogoso, pasado, presente y futuro. Te prefiero dormilón, apestoso y despeinado. Te quiero nervioso, obsesivo. Te extraño cómodo, natural y sin esfuerzos. Te sufro cotidiano, rutinario y habitual. Te busco siempre y a veces no te encuentro, porque no sé donde estoy, pero sé de donde vengo y confío en cada paso que camino hacia ti. Adoro tu esperanza, inagotable, alegre, perseverante y hasta terca. Admiro tu mano siempre abierta y tu abrazo eterno. Te elegí así, te vivo, te amo y te padezco. Así te quiero, con una profundidad escalofriante que deseo no tenga fin. No soy poeta, literato, músico ni danzante. Mi arte es lo cotidiano, que con este amor, se hace excelso.

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