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Colectivo de escritores en busca de conocimiento y letras. 2011

Las piedras de nadie

Written By: admin - May• 17•11

Zolliker, J.S.

 

Las piedras de nadie

Desde hace meses tiene una herida en la frente que no le cicatriza; carne viva para las moscas que no lo dejan en paz. Dolor de estómago tan fuerte, que a veces no siente las piernas o le cuesta trabajo caminar. Retorcer de las tripas, defecar donde se puede, incluyendo la propia ropa cuando la diarrea ya ni siquiera avisa.

Fuma colillas de cigarrillos que se encuentra tirados. Ya no es hijo de nadie. Vive entre basura, hace años que no se baña, sufre de incontinencia urinaria, tolera a todas horas la repugnancia de cualquier ser humano y ya nadie lo reconoce como su hermano. Le faltan varios dientes. No supo como los perdió. Quizás fuera el cemento respirado, o el cemento de una banqueta en una caída que le hizo perder también la razón.

No puede dormir y teme dormir. Ya nadie lo registra como tío. Se la pasa tirado, refugiándose del frío y la lluvia, donde pueda, sea una coladera o bajo un árbol. Quiere dormir pero no puede, y no duerme sino hasta que pasadas posiblemente 48 horas, logra conseguir algo con qué drogarse y entonces sí, cae agotado y no despierta a lo mejor en un buen rato.

Primo de nadie, bebe agua sólo de fuentes verdosas y charcos. No se corta las uñas; se las muerde. Las de los pies sólo cuando alcanza y puede. Ojalá y se encuentre hoy colgado de unos cables de luz, un par de zapatos. Trata de sacar unos centavos limpiando espejos de autos con su camisa en un semáforo. Come lo que puede recoger de la banqueta, y hoy su almuerzo constó de restos de pan de una torta embarrada de mugre y grasa de carro; al menos no tuvo que peleársela a los perros que rondan las sobras de changarros… Padre de nadie, hijo de nadie, hermano de nadie, tío de nadie, preocupación de nadie.

A nadie le importa que sin motivo alguno, cada semana, se lo lleve un carro de policía. Él trata de evitarlo. En esas extrañas ocasiones cuando está abstinente, cuando tiene una chispa en que reconoce la realidad, se prepara, se esconde, huye, pero lo alcanzan una y otra vez. Ya sea por cansancio, o porque no puede correr, o porque los glaciales comerciantes ambulantes lo señalen para que no les apeste a los marchantes, invariablemente, se lo llevan. A la misma hora, por lo regular. Solamente los sábados, y se pierde por un tiempo, y luego regresa y sin mirar con rencor a nadie, se acuesta sobre la misma cochina manta y cartón de siempre.

De los testigos, no faltan los que piensan cometió un delito. Algunos, aún más ingenuos, creerán lo llevarán arrestado hasta que le retorne la sobriedad. Y tú, seguramente, hasta alivio sentirás, pues su olor, su presencia, su imagen, te hacen sentirte inseguro y te incomodan como a todos los demás.

Lo que no se conoce, es lo que sucede después. Porque él tiene miedo, cada nueva ocasión, más y más fuerte. Se marea, el corazón le late despavorido, siente que se ahoga, la boca se le pone seca, tiembla, ruega, le dan náuseas y suda como caballo. De tener algo en el estómago, lo vomitaría o lo evacuaría, y es que hasta los animales saben cuando los llevan al veterinario; o al matadero.

A las afueras de la ciudad de un nombre que no importa, por la salida a otra ciudad, pasando más allá de bodegas industriales, donde hay pistas ilegales de hipódromo y aún no llega el drenaje, se reúnen una vez a la semana en alguna inexplorada vereda, a penas una docena de policías, licenciados, judiciales, politiqueros y alguno que otro artista, iluminados acaso por la luz de la luna y faros de automóviles que forman un círculo para recrear un sangriento y entierrado coliseo, y los ponen a pelear.

Peleas de vagos o vagabundos les llaman aquí. Bumfights, por allá.

Una vez a la semana, la vida de estos miserables recobra valor; al menos para alguien más. Corren las apuestas. Cada quien lleva a su candidato a la pelea, si ganan, salvan la vida y el cinco por ciento de las ganancias siempre y cuando no pasen de 500 pesos. Si no, encajuelados los llevan a algún parque o callejuela y ahí los dejan acostados. Si mueren de frío o por la golpiza, da igual. “Gallo vencido, no sirve ni para hacer caldo”. Total, ninguna autoridad les hará necropsia porque no son nunca el primero y además, hay que decirlo, hasta asco les da.

Explotan así los instintos más básicos, más animales; supervivencia sin importar lo que cuesta, golpear y fracturar por unos pesos, explícitamente nada que perder, morir o matar para seguir siendo miserables, que más da. La última vez, él no se pudo detener. No se dio cuenta de lo que sucedía sino hasta que los estertores de muerte asfixiada de su oponente, lo sacaron del transe animal.

Pero hoy, todo cambiará. Hasta aquí. Hoy ya no más. Nadie sabrá porqué. Nadie se detendrá a investigar. Hoy, verá la torreta del carro de la policía y tomará una decisión. La vida no le vale. Y ya no quiere volver a tomar la de nadie. Besará su escapulario. Los ojos le brillarán un instante, recuperará la dignidad. Sonreirá porque en su locura logrará comprender de pronto, que su vida es suya y de nadie más. Y así, sin previo aviso, se arrojará a las vías del metro o a las llantas de un camión que irá cruzando la calle. Total, será una muerte inexplicable más, de esas que suceden en cualquier ciudad. Su cuerpo, nadie lo reclamará. Nadie lo extrañará. Si acaso, en las noticias un segundo en televisión le dedicarán. “Aproximadamente a las 13 horas del tiempo local, un hombre se suicidó arrojándose a…”

Padre de nadie, hijo de nadie, hermano de nadie, tío de nadie, piedra de nadie, preocupación de nadie. La suya, es de esas miles de historias que suceden a diario y que a nadie, le importan un carajo. Padre de nadie, hijo de nadie, hermano de nadie, tío de nadie, preocupación de nadie… Punto final. Puto final.

 

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2 Comments

  1. Lu Serrano says:

    Jose, no sé que decir. Cuántas historias habrá allá afuera que no le importan a nadie hasta que alguien como tú las hace tan reales.
    Me hiciste acordar del poema de Brecht que me enseñaron cuando era chiquita (después supe que no lo había escrito él).
    Bravo por este cuento, por la página y el colectivo. Avisa siempre que vuelvas a escribir para leerlo.
    Un abrazo

  2. Buenas! Encontré este blog através de google y me parece que está
    muy bien, lo he agregado a favoritos y volveré asiduamente a leer lo que escribais

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