aifos

Colectivo de escritores en busca de conocimiento y letras. 2011

Fértil escusa

Written By: admin - May• 11•11

Bernal, Magdalena

 

Fértil escusa*

 

Desde que un crucificado Cristo me recibió en aquella entrada, para después toparme con su madre de cantera en el jardín, supe que estamos en manos de una doctora subjetiva que dudo hará mucho por nuestro matrimonio en ruinas y por mi creciente rechazo a todo lo que huele a juicio y mochería.

En un acto desesperado, mi suegra nos consiguió el dato de la terapeuta matrimonial. Ni las habladurías o sospechas de amantes de su marido habían puesto tan nerviosa a la religiosa Márgaro como la posibilidad de tener un hijo con estatus de divorciado.

La doctora Consuelo personifica nuestra salvación del pecado mortal que significaría romper el sacramento del matrimonio. Sentada frente a nosotros con piernas cruzadas, maquillaje impecable, peinado de salón y mascada anudada como quien toma un curso en el tema, más que una terapeuta en parejas parece una cursi asesora en imagen personal.

Con su habitual mirada fija al infinito, Luis observa la mesa. Está desesperado con mi renuncia al vía crucis por preñarme, aún a sabiendas de que rompemos las leyes católicas que prohíben ciertos métodos de fertilidad. Cinco inseminaciones y tres in Vitro, sexo programado y más aburrido imposible, catorce kilos de engorda, bigotes nuevos e interminable llanto frente a un sangriento escusado anunciando el fracaso de un nuevo tratamiento, me tienen exhausta y con ganas de divorcio después de cinco años de reafirmar mi equívoca elección de pareja.

Pero Luis insiste en presagiar que la armonía aparecerá entre nosotros apenas se fecunde al anhelado embrión. Todas nuestras diferencias las reduce a mi defectuoso aparato reproductor. Es un buen hombre, sin embargo, sus nulas pasiones, poco carácter y un constante estado de trance hipnótico, son motivos suficientes para mis ganas de huída más no para justificarme ante mi obsoleto padre y la inquisidora sociedad. Me encantaría poder decir que es un pinta cuernos, que me ha zapeado un par de veces o que no me toca por ser puto. Quieren oír podredumbre y lo único que tengo para darles es mi más pura infelicidad que parece no ser suficiente.

Llevamos semanas de sesiones estériles; igualitas que yo. Antier fui a una comida cerca de la casa de la doctora y quise pasar a recoger mi libro que dejé olvidado la sesión del día anterior. Entré tranquila de saber que no habría terapia y me senté en la sala a esperar que la muchacha buscara mi novela. De pronto escuché lejanos unos ruidos que me crisparon la piel. Pese a mi extrañeza sentí como mis piernas tomaron vida propia y subieron las escaleras. Caminé por un pasillo corto y giré la chapa de la puerta al fondo. Y allí frente a mí, apareció sudorosa y desnuda, mi libertad. La doctora Consuelo daba sendos brincos placenteros mientras aullaba como mandril en brama montada sobre mi marido en su predecible rol de bulto. Mezcla de alegría y estupefacción me brotaron carcajadas histéricas. Apanicados, se separaron ipso facto y me miraron con terror. Noté el estriado vientre de la doctora, su inmutado crepé y el encojido miembro de Luis. – ¡No lo puedo creer, me cae que gracias!— grité entre risas con franca gratitud mientras sacaba la Blackberry de mi bolsa. –¡Hijos de la chingada, qué suerte apañarlos así!— dije antes de salir al tiempo que les tomé una foto semidesnudos y mudos.  Había encontrado la carroña para los buitres…

 

* escusa en la RAE

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