aifos

Colectivo de escritores en busca de conocimiento y letras. 2011

Epitafio para mi amigo vivo

Written By: admin - May• 16•11

Ansaldo, Victoria

 

Epitafio para mi amigo vivo

Yo ya estoy del otro lado. Te veo cada mañana, cuando te ponés el traje y te das unas palmaditas en la cara con colonia después de afeitarte, y te despedís de tu mujer. Te acompaño a leer el diario, tranquilo. Abro con vos la puerta de la oficina, saludo al portero con ese vozarrón que es como una campana que festeja cada mañana.

Sé que me cuidás, que te seguís acordando de mí cada día, que me extrañás. Entiendo que  no te acostumbres a ver mi escritorio vacío, a mí me pasaría lo mismo. Sería insoportable saber que ya no podremos compartir nuestras queridas comidas, nuestras travesuras, tantos secretos… Y me alegra no ser yo el que se quedó, añorando lustros de amistad.

Este epitafio es para vos, para mi amigo vivo, para honrar tu lealtad, para contar de tu nobleza y de tu corazón, gigante.

Señores, estamos aquí reunidos para ver a este hombre, que es mi hermano. Se los presento no sólo para que lo conozcan sino para que lo sigan, nosotros desde aquí tenemos este privilegio, y lo quiero compartir con ustedes, aunque hace poco los conozco. Pero a él, a mi  amigo, a Tito, lo conozco de siempre. Hasta parece que nacimos juntos.

Desde jóvenes compartimos el amor por los números y por las charlas. Vimos crecer a nuestros hijos y nos confiamos la vida. Siempre nos entendimos, y dudo que alguna vez nos hayamos juzgado. Nunca dejó de decirme la verdad, y siempre me acompañó cuando decidí seguir mi camino. Y cuando este sendero se precipitó sorpresivamente en un abismo, él me rescató, pero no me tendió la mano, me cargó en su espalda.

Tenemos los mismos códigos, hacemos las mismas picardías y nos perdonamos todos los tropiezos. Pero por sobre todas las cosas ¡cómo nos gusta la vida! Cómo disfrutamos cada café, como si fuera el último. Nos hemos comido los años a la napolitana, o a caballo con papas fritas…Un lujo. Y es quizás por eso que yo llegué primero. Y lo extraño, la muerte no es lo mismo sin él.

Señoras y señores, mis estimados compañeros, hoy quiero brindar por mi amigo. Tomémonos de las manos y oremos por su alma, acompañémoslo en estos años que le quedan por delante, que son muchos. Estemos junto a él en sus asados, abracemos a sus nietos y bebámonos su vino. Velemos cada uno de sus pasos y cuidemos a los suyos. Por él sigue cubriéndome la retaguardia, porque mi familia es la suya más que nunca, y porque ahora sí le estoy eternamente agradecido.

 

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