aifos

Colectivo de escritores en busca de conocimiento y letras. 2011

Del duino

Written By: zolliker - Apr• 11•11

Zolliker, J.S.

¿Quién, si gritara yo, me escucharía en los celestes coros?

A las afueras de Paris, en los suburbios del norte, En Saint Denis, se encuentran los restos de las principales líneas merovingias y todos menos tres reyes de Francia. De Clodoveo a Luis XVIII;  lo mismo que de Maria Antonieta y se supone –aunque algunos lo niegan- del autor del tratado De Coelesti Hierarchia o “jerarquía celestial”: Pseudo Dionisio Aeropagita, ateniense y místico teólogo bizantino del siglo V, que fue retomada en la edad media tantas veces. En ella, dice el Aeropagita que los ángeles están organizados en órdenes (como la Orden de los Jesuitas, o la gracias a Perez Reverte,  famosa Orden del Toisón de Oro), también conocidos como los Coros Celestes.

Rilke era patronado por la princesa Marie von Thurn und Taxis en el Castillo del Duino, cerca de Trieste, y en enero de 1912, cuando caminaba por los riscos del castillo, se vio caminando sin rumbos hasta los arrecifes desde donde brincó al mar. Rilke dijo que lo guiaba una voz que lo llamaba y lo guiaba y le rezaba: ¿Quien , si gritara yo, me escucharía en los coros celestes?

Ya en la “Divina Comedia”, Dante Alighieri nos habla precisamente que tal jerarquía, de mayor a menor, va en los 9 círculos como: Serafines, Querubines, Tronos o Los Mayores, Dominaciones o Lores, Virtudes, Poderes o Autoridades, Principados, Arcángeles y Ángeles, estos los más cercanos al los humanos y a sus razones de vivir en el mundo, se nos asemejan y nos parecemos.

El 9 es el número eterno porque multiplicado siempre reaparece y se regenera; renace. El microcosmos del macrocosmos, hechos a imagen y semejanza del creador y criador. Y sin embargo, los ángeles dice Rilke, son tan bellos que más vale no nos escucharen en los coros celestiales. Porque si uno de ellos lo hiciera y quisiera consolarnos contra su corazón, la fuerza del ser mas inferior de la jerarquía divina, nos borraría la existencia; míseros nos vemos en la grandeza del universo.

Porque son tan bellos que son también terribles. La dicotomía es ella: De Dios nace el Diablo o ángel Caído, de la bondad nace la maldad, de la belleza nace lo terrible: ese algo que podemos admirar y soportar en la medida en que acuerda  (aviene) existir sin destruirnos, esto es, a existir sin contactarnos, sin tocarnos; como la luz misma que podría venir del lucifer.

Por eso todo Ángel es terrible. Así, yo, por eso,  sepulto mi grito a los celestes coros. No reclamo ayuda. Mi silencio existe para conservarme.  ¿A quien podremos recurrir entonces? No a los hombres. Incluso las bestias, los animales, se dan cuenta que nuestro paso por el mundo que alguien interpretó, es un paso errado, o errático, topamos contra pared, no aprendemos, no crecemos, no evolucionamos.. No conocemos nuestro destino y por ello nuestro fallo. Dios acaso ha jugado con nosotros?

Quizás, tal vez, podrían socorrernos los árboles que vemos siempre  en el camino, que se mantienen ahí, fieles. ¡Estamos desamparados! O podrá socorrernos la noche. Cuando creemos que el viento frío que nos cala los cachetes, viene del espacio exterior mismo para hacernos falsamente creer, que estamos en presencia de algo superior que nos haga resistir la soledad. Esa maldita y puta soledad.

¿Será menos penosa la situación para los amantes? Están menos solos? Uno a otro se engañan y se ocultan que en el fondo su destino es estar solos.  Tu no lo sabías? Aún con lo que ya has vivido? Arroja ya esa idea de encontrar a alguien que te acompañe porque al fin quedarás solo. Exhala tu esperanza en el viento que así quizás un pájaro se tope con tu aliento y crea que algo superior, como un ángel, podría ayudarle sin destruirlo por completo… Ahora entiendo. Y ahora entiendo también, la soledad de “los amorosos” de Sabines como nunca antes.

 

twitter: @zolliker

 

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